Cervantes 2016


 Aun cuando hay quienes promueven su destierro de las aulas, la desaparición de sus estatuas y el olvido de su figura, Cervantes está hoy tan vivo como hace cuatro siglos. Aquelló que plasmó, retrató y denunció es ahora tan real como entonces; no es por ello extraño que sea necesario ocultar su figura y su obra, pues nos ofrecen la verdadera naturaleza de quienes la esconden tras la máscara. Sus ideas son, en pleno siglo XXI, un auténtico peligro para el Mundo Feliz que se nos propone.

 

Daniel Hernández González

 

"No más sino que Dios te guarde, y a mí me dé paciencia para llevar bien el mal que han decir de mí más de cuatro sotiles y almidonados".

 

Prólogo a las Novelas Ejemplares.



Enero                                                                                                                                       January


Un valentón de espátula y gregüesco,

que a la muerte mil vidas sacrifica,

cansado del oficio de la pica,

más no del ejercicio picaresco,

   

retorciendo el mostacho soldadesco,

por ver que ya su bolsa le repica,

a un corrillo llegó de gente rica,

y en el nombre de Dios pidió un refresco.

 

Den voacedes, por Dios, a mi pobreza,

les dice, donde no, por ocho santos

que haré lo que suelo hacer sin tardanza.

 

Más uno que a sacar la espada empieza,

¿con quién habla -le dijo- el tiracantos?

Si limosna no alcanza,

¿qué es lo que suele hacer en tal querella?

Respondió el bravonel: irme sin ella.

 

A un valentón metido a pordiosero.

En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda.

 

El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha.

Primera parte. Capítulo I.



Febrero                                                                                                                                   February


Y si otra cosa de mí deseas saber, el tiempo, que no encubre nada, te dirá más de lo que yo quisiera.

 

-Si al tiempo dejas que me satisfaga de lo que me dices -respondió Erastro-, poco debe agradecerse tal paga, pues él, a pesar nuestro, echa en las plazas lo más secreto de nuestros corazones.

 

La Galatea.

La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida (...)

 

El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha.

Segunda parte. Capítulo LVIII.



Marzo                                                                                                                                         March


Gobernador: ¿Y qué quiere decir retablo de las maravillas?

 

Chanfalla: Por las maravillosas cosas que en él se enseñan y muestran, viene a ser llamado retablo de las maravillas; el cual fabricó y compuso el sabio Tontonelo, debajo de tales paralelos, rumbos, astros y estrellas, con tales puntos, caracteres y observaciones, que ninguno puede ver las cosas que en él se muestran que tenga alguna raza de confeso, o no sea habido y procreado de sus padres de legítimo matrimonio; y el que fuere contagiado destas dos usadas enfermedades, despídase de ver las cosas jamás vistas ni oídas en  mi retablo. (...)

 

Gobernador: Basta; que todos ven lo que yo no veo; pero al fin habré de decir que lo veo, por la negra honrilla (...) ¿Qué diablos puede ser esto, que aun no me ha tocado una gota donde todos se ahogan?¿Mas si viniera yo a ser bastardo entre tantos legítimos?

 

El retablo de las maravillas.

¿Quién menoscaba mis bienes?

Desdenes.

Y ¿quién aumenta mis duelos?

Los celos.

Y ¿quién prueba mi paciencia?

Ausencia.

 

De este modo, en mi dolencia

ningún remedio se alcanza,

pues me matan la esperanza,

desdenes, celos y ausencia (...)

 

El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha.

Primera parte. Capítulo XXVII.

 



Abril                                                                                                                                                April


Aquellas coplas antiguas, que fueron en su tiempo celebradas, que comienzan.

 

                         Puesto ya el pie en el estribo

 

quisiera yo que no vinieran tan a pelo en esta mi epístola, porque casi con las mismas palabras puedo comenzar diciendo:

 

                         Puesto ya el pie en el estribo,

                         con las ansias de la muerte,

                         gran señor, ésta te escribo.

 

Ayer me dieron la extremaunción, y hoy escribo ésta; el tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan y, con todo esto, llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir (...)

 

-¡Sí, sí; éste es el manco sano, el famoso todo, el escritor alegre y, finalmente el regocijo de las musas! Yo, que en tan poco espacio vi el grande encomio de mis alabanzas, parecióme ser descortesía no corresponder a ellas (...)

 

Tiempo vendrá, quizá, donde, anudando este roto hilo diga lo que aquí me falta y lo que sé convenía. ¡A Dios, gracias; a Dios, donaires; a Dios, regocijados amigos: que yo me voy muriendo, y deseando veros presto contentos en la otra vida!

 

Dedicatoria y prólogo a Los Trabajos de Persiles y Sigismunda.

Rindióse Camila; Camila se rindió; pero, ¿qué mucho, si la amistad de Lotario no quedó en pie? Ejemplo claro que nos muestra que sólo se vence la pasión amorosa con huílla, y que nadie se ha de poner a brazos con tan poderoso enemigo; porque es menester fuerzas divinas para vencer las suyas humanas.

 

El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha.

Primera parte. Capítulo XXXIV. El curioso impertinente.



Mayo                                                                                                                                              May


Teógenes: Sangre de mis entrañas derramada,

pues sois aquella de los hijos míos;

mano contra ti mesma acelerada,

llena de honrosos y crueles bríos;

fortuna, en daño mío conjurada;

cielos, de justa piedad vacíos:

ofrecedme en tan dura, amarga suerte,

alguna honrosa, aunque cercana muerte.

 

El cerco de Numancia.

-¿Qué? -dijo Don Quijote-. Favorecer y ayudar a los menesterosos y desválidos. Y has de saber, Sancho, que este que viene por nuestra frente le conduce y guía el gran emperador Alifanfarón, señor de la grande isla Trapobana; este otro que a mis espaldas marcha, es el de su enemigo, el rey de los garamantas, Pentapolín del Arremangado Brazo, porque siempre entra en las batallas con el brazo derecho desnudo (...)

 

- Señor, encomiendo al diablo hombre, ni gigante, ni caballero de cuantos vuestra merced dice, que parece por todo esto; a lo menos, yo no los veo; quizás todo debe ser encantamento, como las fantasmas de anoche.

 

--¿Cómo dices eso?- respondió Don Quijote-. ¿No oyes el relinchar de los caballos, el tocar de los clarines, el ruido de los atambores?

 

-No oigo otra cosa-respondió Sancho- sino muchos balidos de ovejas y carneros.

 

Y así era la verdad, porque ya llegaban cerca los dos rebaños.

 

El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha.

Primera parte. Capítulo XVIII.



Junio                                                                                                                                            June


(...) Y que tenga yo una de veinte años de ocupación y doce de pasante, grande el sujeto, admirable y nueva en la invención, grave en el verso, entretenida en los episodios, maravillosa en la diversión, porque el principio responde al medio y al fin, de manera que constituyen el poema alto, sonoro, heroico, deleitable y substancioso, y que, con todo esto, no hallo un príncipe a quien dirigirle? (...)

 

Por faltarme instrumento, o un príncipe que me apoye y me dé a la mano los requisitos que la ciencia de la alquimia pide, no estoy ahora mandando en oro y con más riquezas que los Midas, que los Crasos y Cresos (...)

 

Lo mismo me acaece con la cuadratura del círculo; que he llegado tan al remate de hallarla, que no sé si puedo pensar cómo no la tengo ya en la faldriquera (...)

 

Yo, señores, soy arbitrista, y he dado a Su Majestad en diferentes tiempos muchos y diferentes arbitrios, todos en provecho suyo y sin daño del reino; y ahora tengo hecho un memorial donde le suplico me señale persona con quien comunique un nuevo arbitrio que tengo, tal que ha de ser la total restauración de sus empeños (...) Hase de pedir en Cortes que todos los vasallos de Su Majestad, desde edad de catorce a sesenta años, sean obligados a ayunar una vez en el mes a pan y agua (...)

 

El casamiento engañoso, con la novela y coloquio que pasó entre Cipión y Berganza (El coloquio de los perros).

-Todo eso fuera bien excusado -respondió Don Quijote- si a mí se me acordara de hacer una redoma del bálsamo de Fierabrás; que con sola una gota se ahorrarán tiempo y medicinas.

 

-¿Qué redoma y qué bálsamo es ése?-dijo Sancho Panza.

 

-Es un bálsamo- respondió Don Quijote--de quien tengo la receta en la memoria, con el cual no hay que tener temor a la muerte ni hay que pensar morir de ferida alguna. Y ansí, cuando yo le haga y te le dé, no tienes más que hacer sino que, cuando vieres que en alguna batalla me han partido por  medio del cuerpo -como muchas veces suele acontecer-, bonitamente la parte del cuerpo que hubiese caído en el suelo y con mucha sotileza, antes que la sangre se yele, la pondrás sobre la otra mitad que quedare en la silla, adviertiendo de encajallo igualmente y al justo. Luego me darás a beber solos dos tragos del bálsamo que he dicho, y verásme quedar más sano que una manzana (...).

 

El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha.

Primera parte. Capítulo X.



Julio                                                                                                                                               July


Yo, con estilo en parte razonable,

he compuesto comedias, que en su tiempo

tuvieron de lo grave y de lo afable.

 

Yo he dado en Don Quijote pasatiempo

al pecho melancólico y mohíno,

en cualquier sazón, en todo tiempo.

 

Yo he abierto en mis Novelas un camino

por do la lengua castellana puede

mostrar con propiedad un desatino.

 

Yo soy aquel que en la invención excede

a mucho; y al que falta en esta parte

es fuerza que su fama falta quede.

 

Viaje del Parnaso.

 

Pancracio. - ¿Y agora tiene vuestra merced algunas?

Miguel. - Seis tengo, con otros seis entremeses.

Pancracio. - Pues ¿por qué no se representan?

Miguel . - Porque ni los autores me buscan ni yo les voy a buscar a ellos.

Pancracio. - No deben de saber que vuestra merced las tiene.

Miguel. - Sí saben; pero como tienen sus poetas paniaguados y les va bien con ellos, no buscan pan de trastrigo.

 

Adjunta al Parnaso.

- ¿Para qué quiere vuesa merced, señor don Juan, que leamos estos disparates, si el que hubiere leído la primera parte de la historia de Don Quijote de la Mancha no es posible que pueda tener gusto de leer esta segunda?

 

-Con todo eso- dijo el don Juan- será bien leerla, pues no hay libro tan malo que no tenga alguna cosa buena. lo que a mí en este más me desplace es que pinta a Don Quijote ya desenamorado de Dulcinea del Toboso.

 

Oyendo lo cual Don Quijote, lleno de ira y de despecho, alzó la voz y dijo:

 

-Quienquiera que dijere que Don Quijote de la Mancha ha olvidado, ni puede olvidar , a Dulcinea del Toboso, yo le haré entender con armas iguales que va muy lejos de la verdad; porque la sin par Dulcinea del Toboso ni puede ser olvidada, ni en Don Quijote puede caber olvido: su blasón es la firmeza y su profesión, el guardarla con suavidad y sin hacerse fuerza alguna. (...)

 

- Ni vuestra presencia puede desmentir vuestro nombre, ni vuesto nombre puede no acreditar vuestra presencia: sin duda, vos, señor, sois el verdadero Don Quijote de la Mancha, norte y lucero de la andante caballería,  a despecho y pesar del que ha querido usurpar vuestro nombre y aniquilar vuestras hazañas, como lo ha hecho el autor deste libro que aquí os entrego.

 

El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha.

Segunda Parte. Capítulo LIX.



Agosto                                                                                                                                    August


Voto a Dios que me espanta esta grandeza

y que diera un doblón por describilla;

porque ¿a quién no sorprende y maravilla

esta máquina insigne, esta riqueza?

 

Por Jesucristo vivo, cada pieza

vale más de un millón, y que es mancilla

que esto no dure un siglo, ¡oh gran Sevilla!

Roma triunfante en ánimo y nobleza.

 

Apostaré que el ánima del muerto

por gozar este sitio hoy ha dejado

la gloria donde vive eternamente.

 

Esto oyó un valentón, y dijo: "Es cierto

cuanto dive voacé, señor soldado.

Y el que dijere lo contrario, miente."

 

Y luego, in continente,

caló el chapeo, requirió la espada

miró al soslayo, fuése y no hubo nada.

 

Al túmulo del Rey Felipe II en Sevilla

- Yo soy Merlín, aquel que las historias dicen que tuve por mi padre al diablo (...) A ti digo, ¡Oh varón como se debe por jamás alabado!; a ti, valiente y juntamente discreto Don Quijote, de la Mancha esplendor, de España estrella, que para recobrar su estado primo la sin par Dulcinea del Toboso, es menester que Sancho, tu escudero, se dé tres mil azotes y trescientos en ambas sus valientes posaderas, al aire descubiertas, y de modo que le escuezan, le amarguen y le enfaden. Y en esto se resuelven todos cuantos de su desgracia han sido los autores y a esto es mi venida, mis señores.

 

-¡Voto a tal!-dijo a esta sazón Sancho-. No digo yo tres mil azotes; pero sí me daré yo tres como tres puñaladas. ¡Válate el diablo por modo de desencantar!¡Yo no sé qué tienen que ver mis posas con los encantos!¡ Par Dios que si el señor Merlín no ha hallado otra manera como desencantar a la señora Dulcinea del Toboso, encantada se podrá ir a la sepultura!

 

-Tomaros he yo-dijo Don Quijote-, don villano, harto de ajos, y amarraros he a un árbol, desnudo como vuestra madre os parió, y no digo yo tres mil y trescientos, sino seis mil y seiscientos azotes os daré, tan bien pegados, que no se os caigan a tres mil y trescientos tirones. Y no me repliques palabra, que os arrancaré el alma (...)

 

-¡Oh, malaventurado escudero, alma de cántaro, corazón de alcornoque, de entrañas guijeñas y apedernaladas! Si te mandaran, ladrón desuellacaras, que te arrojaras de una alta torre al suelo; si te pidieran, enemigo del género humano, que te comieras una docena de sapos, dos de lagartos y tres de culebras; si te persuadieran a que mataras a tu mujer y a tus hijos con algún truculento y agudo alfanje, no fuera maravilla que te mostraras melindroso y esquivo; pero hacer caso de tres mil y trescientos azotes, que no hay niño de la doctrina, por ruin que sea, que no se los lleve cada mes, admira, adarva, espanta a todas las almas piadosas de los que lo escuchan (...)

 

El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha.

Segunda Parte. Capítulo XXXV.



Septiembre                                                                                                                         September


-Díganme, señores galanes: ¿voacedes son de mala entrada, o no?

 

- No entendemos esa razón, señor galán-respondió Rincón.

 

-¿Que no entrevan, señores murcios?- respondió el otro.

 

-No somos de Teba ni de Murcia- dijo Cortado-; si otra cosa quiere, dígala; si no, váyase con Dios.

 

-¿No lo entienden?-dijo el mozo-. Pues yo se lo daré a entender, y a beber, con una cuchara de plata: quiero decir, señores, si son vuesas mercedes ladrones. Más no sé para qué les pregunto esto, pues sé ya que lo son. Mas díganme: ¿cómo no han ido a la aduana del señor Monipodio?

 

-¿Págase en esta tierra almojarifazgo de ladrones, señor galan?- dijo Rincón.

 

-Si no se paga- respondió el mozo-, a lo menos regístranse ante el señor Monipodio, que es su padre, su maestro y su amparo; y así, les aconsejo que vengan conmigo a darle la obediencia, o si no, no se atrevan a hurtar sin su señal, que les costará caro.

 

Rinconete y Cortadillo

Pero de lo que yo más me precio y ufano es de haber vencido en singular batalla a aquel tan famoso caballero Don Quijote de la Mancha, y héchole confesar que es más hermosa mi Casildea que su Dulcinea; y en solo este vencimiento hago cuenta que he vencido todos los caballeros del mundo, porque el tal Don Quijote que digo los ha vencido a todos; y habiéndole yo vencido a él, su gloria, su fama y su honra se ha transferido y pasado a mi persona

 

Y tanto el vencedor es más honrado, cuanto más el vencido es reputado.

 

así, que ya corren por mi cuenta y son mías las innumerablas hazañas del ya referido Don Quijote.

 

Admirado quedó Don Quijote de oír al Caballero del Bosque, y estuvo mil veces por decirle que mentía, y ya tuvo el mentís en el pico de la lengua; pero reportóse lo mejor que pudo, por hacerle confesar por su propia boca su mentira, y así, sosegadamente, le dijo:

 

-De que vuesa merced, señor caballero, haya vencido a los más caballeros andantes de España, y aun de todo el mundo, no digo nada; pero de que haya vencido a Don Quijote de la Mancha, póngolo en duda. Podría ser que fuese otro que le pareciese, aunque hay pocos que le parezcan.

 

El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha.

Segunda Parte. Capítulo XIV.



Octubre                                                                                                                                   October


- Si todos los señores se ocupasen en hacer buenas obras, no habría quien se ocupase en decir mal dellos; pero, ¿por qué ha de esperar el que obra mal que digan bien dél? Y si las obras virtuosas y bien hechas son calumniadas de la malicia humana, ¿por qué no lo serán las malas?¿Por qué ha de esperar el que siembra cizaña y maldad dé buen fruto su cosecha? Llévame contigo, ¡oh príncipe!, y verás cómo pongo sobre el cerco de la luna tus alabanzas.

 

- No, no -prespondió Arnaldo-, no quiero que me alabes por las obras que en mí son naturales; y más, que la alabanza tanto es buena, cuanto es bueno el que la dice, y tanto es mala cuanto es vicioso y malo el que alaba; que si la alabanza es premio de la virtud, si el que alaba es virtuoso, es alabanza; y si vicioso, vituperio.

 

Los Trabajos de Persiles y Sigismunda.

Libro primero. Capítulo XVI

Advertido y medroso desto el castellano, trujo luego un libro donde asentaba la paja y cebada que daba a los arrieros, y con un cabo de vela que le traía un muchacho, y con las dos ya dichas doncellas, se vino adonde Don Quijote estaba, al cual mandó hincar de rodillas y, leyendo en su manual -como que decía alguna devota oración-, en mitad de la leyenda alzó la mano y dióle sobre el cuello un buen golpe, y tras él, con su mesma espada, un gentil espaldarazo, siempre murmurando entre dientes, como que rezaba. Hecho esto, mandó a una de aquellas damas que le ciñeran la españa, la cual lo hizo con mucha desenvoltura y discreción, porque no fue menester poca para no reventar de risa a cada punto de las ceremonias; pero las proezas que ya habían visto del novel caballero les tenía la risa a raya. Al ceñirle la espada dijo la buena señora:

 

-Dios haga a vuestra merced muy venturoso caballero y le dé ventura en lides.

 

El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha.

Primera Parte. Capítulo III.



Noviembre                                                                                                                           November


-Señores, yo soy el licenciado Vidriera, pero no el que solía: soy ahora el licenciado Rueda. Sucesos y desgracias que acontecen en el mundo por permisión del Cielo, me quitaron el juicio, y las misericordias de Dios me le han vuelto. Por las cosas que dicen que dije cuando loco podéis considerar las que diré y haré cuando cuerdo. Yo soy graduado en Leyes por Salamanca, adonde estudié con pobreza ya donde llevé segundo en licencias: de do se puede inferir que más la virtud que le favor me dió el grado que tengo. Aquí he venido a este gran mar de la corte para abogar y ganar la vida; pero si no me dejáis, habré venido a bogar y granjear la muerte: por amor de Dios que no hagáis que el seguirme sea perseguirme y que lo que alcancé por loco, que es el sustento, lo pierda por cuerdo. Lo que solíades preguntarme en las plazas, preguntádmelo ahora en mi casa, y veréis que el que os respondía bien, según dicen, de improviso, os responderá mejor de pensado.

 

Escucháronle todos y dejáronle algunos. Volvióse a su posada con poco menos acompañamiento que había llevado. Salió otro día y fué lo mismo; hizo otro sermón, y no sirvió de nada. Perdía mucho y no ganaba cosa; y viéndose morir de hambre, determinó de dejar la corte y volverse a Flandes, donde pensaba valerse de las fuerzas de su brazo, pues no se podía valer de las de su ingenio. Y poniéndolo en efecto, dijo al salir de la corte:

 

-¡Oh corte, que alargas las esperanzas de los atrevidos pretendientes y acortas las de los virtuosos encogidos, sustentas abundantemente a los truhanes desvergonzados y matas de hambre a los discretos vergonzosos!

 

 

El licenciado Vidriera

-Señores- dijo don Quijote-, vámonos poco a poco, pues ya en los nidos de antaño no hay pájaros hogaño. Yo fuí loco, y ya soy cuerdo; fui Don Quijote de la Mancha, y soy agora, como he dicho, Alonso Quijano el Bueno. Pueda con vuesas mercedes mi arrepentimiento y mi verdad volverme a la estimación que de mí se tenía, y prosiga adelante el señor escribano (...)

 

En fin, llegó el último de don Quijote, después de recebidos todos los sacramentos y después de haber abominado con muchas y eficaces razones de los libros de caballerías. Hallóse el escribano presente, y dijo que nunca había leído en ningún libro de caballerías que algún caballero andante hubiese muerto en su lecho tan sosegadamente y tan cristiano como don Quijote; el cual, entre compasiones y lágrimas de los que allí se hallaron, dió su espíritu: quiero decir que se murió (...)

 

Este fin tuvo el Ingenioso Hidalgo de la Mancha, cuyo lugar no quiso poner Cide Hamete puntualmente, por dejar que todas las villas y lugares de la Mancha contendiesen entre sí por ahijársele y tenérsele por suyo, como contendieron las siete ciudades de Grecia por Homero.

 

El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha.

Segunda Parte. Capítulo LXXIV.



Diciembre                                                                                                                            December